San Juan Pablo II en Huelva

Un gran acontecimiento puso un broche de oro a las celebraciones del V Centenario del Descubrimiento de América: la visita en el día 14 de junio de 1993 de Su Santidad el Papa a Huelva y demás Lugares Colombinos, especialmente a La Rábida, como Primer Misionero de la Nueva Evangelización, al que él mismo nos convocó. El
papa san Juan Pablo II celebró en Huelva una Misa de Acción de Gracias por la Evangelización de América; estuvo en Moguer y Palos de la Frontera, pueblos estrechamente relacionados con la epopeya colombina; visitó La Rábida, donde tuvo lugar la coronación canónica de Nuestra Señora de los Milagros y fue a rezar al
Santuario de la Virgen del Rocío en Almonte.

En la Avenida de Andalucía de la capital onubense y delante de la Sagrada Imagen de la Virgen de la Cinta tuvo
lugar la Eucaristía. Momentos antes, san Juan Pablo II, arrodillado, rezó a la Celestial Patrona de Huelva y Singular Abogada de los marineros onubenses.


De la homilía pronunciada por san Juan Pablo II durante la Santa Misa celebrada delante de la Virgen de la Cinta en la Avenida de Andalucía, en Huelva son de destacar las siguientes referencias a Huelva y su Patrona:

María, que por la potencia del Espíritu Santo concebirá y dará a luz un hijo, “que será santo y será llamado Hijo de Dios… porque para Dios nada hay imposible” (Ibíd 1, 35-36), es “la llena de gracia” (Ibíd., 1, 28), la Theotokos, la Madre de Dios, a la que, junto con todos vosotros, amadísimos hermanos y hermanas de la diócesis de Huelva, quiero venerar con esta peregrinación a los Lugares Colombinos, en recuerdo de aquella gloriosa gesta que llevó la luz del Evangelio al Nuevo Mundo. Es para mí motivo de honda satisfacción celebrar esta Eucaristía y encontrarme con los hijos e hijas de la querida Iglesia onubense. Una Iglesia cargada de historia, pues muchos de sus hombres fueron pioneros, hace medio milenio, de aquella gran empresa descubridora y evangelizadora, que convertiría en realidad geográfica y humana la vocación universal -católica- del cristianismo. Deseo agradecer vivamente las amables palabras de bienvenida que vuestro Obispo, Monseñor Rafael González Moralejo, en nombre también del Obispo Coadjutor, de los sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles ha tenido a bien dirigirme.

En coincidencia con el V Centenario del descubrimiento y Evangelización de América, se celebraron en esta diócesis, el pasado año, los Congresos XI Mariológico y XVIII Mariano Internacionales, bajo el evocador lema de “María, Estrella de la evangelización” (San Pablo VI, Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, n. 82). Ella fue, en efecto, la estrella de aquella gran epopeya misionera que llevó la luz de Cristo a las tierras recién descubiertas. “En el nombre de Dios y de Santa María” -como consta en los escritos de la época- se embarcaron con Colón en el puerto de Palos los valerosos marinos de esta tierra que hicieron de la mar océana un camino para la difusión del Evangelio.
El nombre dulcísimo de Nuestra Señora de la Cinta, cuya venerada imagen nos preside, fue invocado por ellos durante los peligros de la travesía. Y a su santuario del Conquero fueron a postrarse ante ella a la vuelta del viaje descubridor, en homenaje de reconocimiento y gratitud por la protección maternal que les había dispensado la que siempre fue Abogada singular de los marineros onubenses.


Hemos celebrado, con recuerdo agradecido y gozoso, el V Centenario de aquella gran epopeya de los misioneros españoles, a quienes, con mi presencia en Huelva, cuna del descubrimiento, quiero rendir homenaje en nombre de toda la Iglesia. Pero la Iglesia no puede limitarse solamente a la evocación de ese pasado glorioso. La conmemoración de lo acontecido hace cinco siglos es para ella “un llamamiento a un nuevo esfuerzo creador en su evangelización” (Homilía de la misa para la evangelización de los pueblos, n. 6, 11 de octubre de 1984). El recuerdo del pasado ha de servir de estímulo y acicate para afrontar con decisión y coraje apostólicos los desafíos del presente.


Es el clamor de esta sociedad necesitada de la luz y de la verdad del Evangelio lo que traen a nuestra mente las palabras de María: “No tienen vino” (Jn 2, 3). Urge, pues, un nuevo esfuerzo creador en la evangelización de nuestro mundo. … Por eso repito hoy a la comunidad cristiana de Huelva aquellas palabras que, durante mi primera visita pastoral a España, dirigí desde Santiago de Compostela a Europa entera: “Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes”


Queridos hermanos y hermanas onubenses: Estamos reunidos aquí para celebrar la Eucaristía en torno a la imagen de Nuestra Señora de la Cinta, vuestra patrona. A diario, desde su santuario del Conquero, ella hace llegar a nuestros oídos la súplica dirigida a su Hijo en las bodas de Caná: “No tienen vino” (Jn 2, 3). Pero ella también nos repite las palabras que dirigió a los sirvientes y que son como su testamento: “Haced lo que Él os diga” (Ibíd., 2, 5). El objetivo de la evangelización no es otro que éste: acoger la palabra de Cristo en la fe, seguirla en la vida de cada día, hacer de ella la pauta inspiradora de nuestra conducta individual, familiar, social y pública.


La venerable imagen de Nuestra Señora de la Cinta, que hoy nos preside, se remonta al tiempo del descubrimiento de América y es rica de contenido histórico y salvífico. Ella ha sido testigo de esa historia de gracia y de pecado -como todo lo humano- que fue la epopeya del Nuevo Mundo.


Que María, Nuestra Madre, os proteja y acompañe siempre en vuestro
caminar, y os conduzca a Cristo, que es “el Camino, la Verdad y la Vida” (Ibíd., 14, 6).
Amén.

Al final de la Santa Misa, san Juan Pablo II dirigió a los fieles de Huelva estas palabras:

Queridos hermanos y hermanas de Huelva, junto a vuestro Obispo Rafael quiero agradecer a la Providencia Divina por el Concilio Vaticano II. Esta conmemoración me viene porque hemos participado juntos en este gran acontecimiento de la Iglesia en este siglo y también para la preparación de la Nueva Evangelización en perspectiva del Tercer Milenio. Aquí, en este lugar muy sugestivo, donde tuvo sus inicios la evangelización del Nuevo Mundo, hace cinco siglos, hoy hemos alzado la voz al Señor de la Historia, por la Nueva Evangelización de todo el mundo, de todos los países, de nuestras patrias europeas, del Nuevo Mundo, de todos los continentes.

Muy agradecido. Expreso a todos vosotros un agradecimiento por vuestra participación, vuestra preparación y la participación de hoy en esta grande plegaria misionera. Sea alabado Jesucristo.