El origen de la Hermandad de Nuestra Señora de la Cinta se remonta al siglo XVIII, aunque la antigüedad tanto de la devoción popular a la Virgen de la Cinta como de la Hermandad arranca del siglo XV.
Actualmente su nombre completo es: La Antigua e Ilustre Hermandad de Nuestra Señora de la Cinta Coronada, Patrona y Alcaldesa de Huelva y Singular Abogada de los Marineros.
Aprobación de la Hermandad
El 30 de marzo de 1567 el provisor del Arzobispado de Sevilla aprobó las Reglas de la Hermandad de Nuestra Señora de la Cinta, según se recoge en un manuscrito de 1727. Sus reglas se volvieron a ratificar por el provisor Fernando Heras Manrique, el 19 de agosto de 1637. Hay noticias referidas a la Hermandad hasta el 1707. A partir de este año no se vuelven a tomar más las cuentas por parte de los visitadores que pasaron por Huelva durante el siglo XVIII. Sin embargo, sí constan en sus informes las cuentas de las demás hermandades de la ciudad. Probablemente la Hermandad de la Cinta durante ese siglo funcionaba irregularmente, de forma oficiosa, impulsada por el “gremio de mareantes”.
Vecinos de Huelva, el 23 de septiembre de 1866, en una carta dirigida al arcipreste de la villa, le informaban que en nombre de los patrones, marineros y personas de esa población, una vez suprimidos los gremios del mar, al cual estaban asociados, habían convenido crear una asociación con la denominación de Hermandad de María Santísima de la Cinta y conservar así el religioso fervor que sentían hacia esta imagen. El 2 de octubre de ese mismo año se concedió la autorización, decretada y firmada por el gobernador eclesiástico, según mandato del cardenal arzobispo de Sevilla.

El 6 de julio de 1889 Patricio Bravo Reyes, hermano mayor de la Hermandad de la Virgen de la Cinta, comunicaba al arzobispo de Sevilla que desde tiempos remotos existió un gremio de mareantes, constituido legal y canónicamente en la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción de Huelva. Este gremio tenía la obligación de dar culto a Nuestra Señora de la Cinta en su santuario del Conquero, pero una vez suprimidos los gremios por disposición civil, se creó una hermandad, la cual se había regido por sus estatutos, aprobados el 9 de junio de 1870. Sin embargo, la necesidad de adaptarse a los nuevos tiempos obligó a la Hermandad a celebrar cabildo general el 8 de septiembre de 1888, acordándose reformar los estatutos y solicitar la oportuna licencia. Este trámite administrativo siguió un largo proceso; así, todavía en el año 1900 el arzobispo de la archidiócesis hispalense, Mons. Marcelo Spínola, remitía los estatutos de la Hermandad al fiscal general del arzobispado, para que fuesen examinados, dictaminándose que se devolvieran de nuevo a la junta directiva de la Hermandad porque no se ajustaban a las prescripciones del prelado.
El 7 de octubre de 1922, Manuel Siurot, siendo el hermano mayor, solicitaba la aprobación de la Hermandad de la Virgen de la Cinta, pues aunque desde muy antiguo se venía admitiendo por todos su existencia, no había constancia de que se hubiese erigido canónicamente y lo único que conocía de sus estatutos era el proyecto realizado en 1895, con las modificaciones que el Código de Derecho Canónico, promulgado en 1917 por el papa Benedicto XV, exigía. Cuatro días después, el 11 de octubre, los estatutos de la Hermandad de la Virgen de la Cinta, establecida en la Parroquia Mayor de San Pedro de Huelva, pasaron al tribunal eclesiástico. El fiscal general, el 23 de ese mismo mes, declaró que se ajustaban a las prescripciones del Derecho Canónico, por lo que no veía inconveniente en su aprobación. El 25 de octubre de 1922 el vicario general de la archidiócesis aprobó los estatutos de la Hermandad de Nuestra Señora de la Cinta.